El móvil es una de las grandes distracciones al volante. Y, como tal, influye notablemente en la atención a la conducción, provocando múltiples accidentes.
En condiciones normales, un conductor tarda en reaccionar un segundo. Si, en cambio, está utilizando el móvil, ese tiempo de reacción se multiplica por dos; además, detectará sólo la mitad de las señales de tráfico.
Conducir hablando por el móvil tiene un efecto similar al de conducir con una tasa de alcohol en sangre de 0,80 g/l. Se trata de una cantidad de alcohol muy superior a la permitida, que está establecida en 0,5 g/l para conductores en general y 0,3 g/l para profesionales y noveles.
Si en lugar de hablar por teléfono se trata de escribir un mensaje, equivaldría a aún más alcohol en sangre: 1,1 g/l.